Todos hemos estado en bodas, eso es indiscutible y, casi casi, ineludible.
Por ende, todos hemos sufrido alguna vez a algún terrible "pincha-cintas" que no sabe ir más allá del torito bravo del Fary (y eso es su top hit en originalidad).
Así que, cada vez que se casan algunos amigos, siempre me planteo con qué música "abrirán" la celebración o el baile. La gente suele decantarse por el clásico vals de toda la vida... O no. Me gusta cuando la eleccción es mucho más personal porque, de este modo, el evento se matiza y se adapta... y los novios comparten con nosotros una pequeña parte de ellos mismos. Hay elecciones que están cantadas (nunca mejor dicho) porque las hemos compartido, quizás, con los contrayentes a lo largo de los años. Pero otras... Otras son un resumen o un aglutinamiento de sentimientos que nos dejan entrever en esos instantes que duran los acordes.
Pensando en todo esto, por cuestiones meramente laborales, he llegado a la disquisición de que este acto tan tonto puede tener algo de 2.0 (eso que tanto me fascina y con lo que me identifico). Compartir por compartir con aquel que te quiera leer o escuchar.
¿Se nota que llevo semanas, si no meses, dándole vueltas a que tengo que publicar un artículo sobre Twitter? Estoy en ello, estoy en ello, no desesperéis. Es que es mucho más difícil encontrar el tiempo que las ideas.
miércoles 4 de marzo de 2009
Esencias de Twitter
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