Todos tenemos una especie de monstruo dentro.
A unos se les ve más. Otro logran aplacarlo toda la vida.
Cada uno lo canaliza a través de sus deseos más ocultos o sus miedos más inherentes.
Pero están ahí. Lo ideal es echarlos a dormir y que sigan en su letargo para siempre.
domingo 19 de octubre de 2008
La frustrante no-levedad del ser...
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